viernes, 13 de enero de 2017

¿Alejamos a la víctima y nos lavamos las manos?

Después de las vacaciones, la niña no ha vuelto por el Taller de Apoyo al Estudio. Ayer, me llamó su padre, me comentó que la niña no quería acudir porque sus compañeros se metían con ella. Le dije que esta tarde hablaremos, y que daremos una solución a esa tropelía. No es un asunto "menor", por mucho que la Asociación Promotora de la Universidad Popular imparta este Taller no regladamente, siendo la generosidad de sus voluntarios la que lo mantiene; sin embargo, sería asqueroso, además de poco edificante, si la solución que le diese uno al asunto fuese derivar a la niña al Centro San Francisco, dependiente de Cáritas, cuya actividad se asemeja al Taller que desde la Asociación Promotora de la Universidad Popular III Milenio de Cehegín, venimos impartiendo desde el año 2005.
Hago esta reflexión como consecuencia del desgraciado hecho acaecido en Murcia, según el cual, una niña de secundaria se haya podido suicidar, por el acoso de sus compañeros, y que, desde el Instituto donde estaba matriculada, sólo se les ocurriese otra cosa, a ellos y a la Administración Educativa Regional, que cambiarla de Centro.
De qué vamos, alejamos a la víctima y nos lavamos las manos. Cuánta miseria hace falta para reaccionar frente a esa lacra de la única manera posible: actuando frente a los acosadores y generando programas educativos que prevengan e influyan determinantemente ante esa mísera afrenta global de la que padres, madres, profesorado y Administración, somos los primeros, únicos y grandes responsables

Santos López Giménez
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