miércoles, 29 de noviembre de 2017

Noviembre, más que un mes

                           El pasado 2 de noviembre, el nuevo periódico de Cehegín, BEGASTRIPRESS, publicaba un texto, en Cehegineros por el mundo, de especialísima significación para quien escribe. En él, David, contaba su experiencia laboral en dos países de la Unión Europea: Bélgica y Reino Unido, en los que, desde el pasado 15 de agosto, daba comienzo a su carrera profesional.
                         

Artículo en Begastri-press



 Unos días antes, el 24 de octubre, llegaba uno a Extremadura, a la misma ciudad que, días después, habría de acoger al XXIII Congreso Español de Ornitología, del que teníamos conocimiento, y en el que, además, desde el pasado mes de julio, cuando defendiese su Trabajo fin de Grado, sabíamos que David presentaría, en la modalidad de poster, el resumen del mismo. Obviamente, para esa presentación, él no podría estar presente, dadas sus circunstancias laborales en Reino Unido; ello significó que uno de los coautores, Juan M. Pérez-García, profesor de Ecología en la Universidad Miguel Hernández, fuese el encargado de tal menester. La casualidad, y el estar incluído en bolsas educactivas extremeñas, quisieron que tuviese el gran honor de poder asistir, el viernes, 3 de noviembre, a la caída de la tarde, tras bajar del casco antiguo, y echar a andar, paseo fluvial hacia abajo, bajo una lluvia agradecida, que no ha vuelto a asomar por estos lares hasta ayer mismo, en dirección al Edificio Badajoz Siglo XXI, donde se celebraba el Congreso de la SEO. Me adentré en el recinto, busqué los paneles en los que se podían contemplar los poster presentados en dicho Congreso, y encontré el de David.
                                    David sigue en Reino Unido, enfrascado en su quehacer laboral diario. Yo, continúo por tierras extremeñas, como suele decirse, hasta nueva orden. Cuando a punto está de finalizar este mes de noviembre, espacio temporal de ambas circunstancias, ni podía ni debía dejar pasar la ocasión de que ambos documentos, artículo y Trabajo fin de Grado, presentado en el Congreso de la SEO por David, quedasen plasmados en mi blog.
                                    
Edificio Badajoz Siglo XXI
                      






Presentación, por parte de Juan M. Pérez-García, del trabajo de David




Santos López Giménez

lunes, 30 de octubre de 2017

¿Y si de solidaridad hablamos?



                      Unos días semiaislado y todo parece haberse convulsionado de un modo desmesurado e irreconocible. Hablo de lo social, lo político está implícito, no precisa ser acotado.
                       El asunto en cuestión, está de más ser mencionado, para mucha gente es un tostón, para otra, entre la que me incluyo, una preocupación desmedida. La una y la otra, una y otra posición, en mi opinión, no hacen sino reflejar el estado anímico de un pueblo, el español, que lleva décadas adormecido. Hace años que dejamos atrás a una generación que se preocupaba, que empatizaba, que era capaz de ponerse en el lugar de los y las otras, a la que muy pocas cuestiones les eran ajenas, en todo caso, una generación que no se jactaba del sufrimiento ajeno.
                      Claro, hablar de sufrimiento, según qué casos, pudiera parecer una ofensa para quienes fueron a caer en el lado equivocado de la existencia biológica que nos acoge. Sin embargo, en el escalafón que “los padres de la patria” establecieron, no ha sido preciso sufrir en lo material para haber sufrido lo indecible ante las lagunas enormes que eso que dan en llamar “carta magna” albergaba. Hay quienes su sufrimiento ha estado marcado, de por vida, por la carencia de un ser querido cuyos huesos no merecían ser rescatados, para confortar las almas de estas personas, de las que en vida los reclamaron, claro está, porque así lo dictaron aquellos próceres de mal agüero
                    Han pasado los años, y la dichosa “carta magna”, ni se ha adecuado, ni siquiera revisado, no ya por cambiar nada, sencillamente para ser escrupulosamente desarrollada. Ahí la mantienen un grupo de hooligans de la política, sabedores de que es su salvaguarda. Con ella en la boca, mancillando su espíritu, al menos, la parte de su espíritu que la humanizaba, son capaces de hacer y deshacer tanto cuanto les venga en gana.
                   En la fase que nos toca vivir, la de ahora, les ha servido para, apelando a la estupidez ciudadana, llenar de trapos rojigualdas los balcones y ventanas de infinidad de hogares, bajo el pretexto de la salvación de la unidad de España. Salvación de qué, qué ofrece la misma a aquellas personas que, en millones se cuentan, han ido perdiendo progresivamente, año a año, derechos de los que gozaron y que, bajo la misma consigna, con la manoseada “carta magna”, se los hicieron tragar hasta dejarlos huérfanos de esos derechos laborales básicos.
                 Siguiendo esa estela de infamias, que el trapo y la susodicha magna carta van dejando a modo de reguero infinito, sin apenas informaciones que me permitan generar una opinión al segundo, muestro lo único que un ser humano puede mostrar, toda mi solidaridad y cariño, para quienes sufren la indecencia de personas que jamás debieron ocupar cargo alguno en lo social, cuyas biografías están plagadas de delitos de una magnitud que nada tiene que ver con la que esas hipócritas criaturas, utilizando las herramientas legales del Estado, pretenden aplicar a una ciudadanía que, tras muchos años anhelando una posibilidad democrática que les permitiera decidir su futuro, han caído en un abismo cuyo momento de euforia y satisfacción ya ha pasado.

viernes, 22 de septiembre de 2017

Se cierne la tragedia, entre el chascarrillo y la broma.

                                       Cuando a aquellos amigos, tan refinados y pulcros ellos, que se permitían el lujo de llamarme al orden, ante lo que consideraban "mi radicalismo a ultranza", les leí ayer como se expresaban, seguramente, fue cuando comprendí que la tragedia está servida.
                                       Pero, lo sabíamos, hace mucho que esa sospecha flotaba en el ambiente. Los desvergonzados miembros del partido que gobierna España, tienen copados todos y cada uno de los ámbitos que precisan para el control y escenificación de aquello que les venga en gana transmitir. La manipulación es continuada, hasta el punto de tener ahora mismo a una población sumida en un estado de "euforia patriótica", que les transmuta hacia posiciones de un chusquero, trasnochado, pero peligrosísimo patriotismo, al que tan dados son esas criaturas ladronas. O no se es un ladrón cuando se ha cobrado en negro, durante años, mediante una caja, llamada B, a la cual iban a parar millones de euros procedentes de las más inverosímiles fuentes de ilegalidad.
                                      ¿Y son una mafia de ladrones quienes pretenden hacerme entender que la fuerza de policía, ejército y guardia civil van a ser necesarios para aplacar a todo un pueblo que, únicamente, pide poder manifestar su derecho a decidir, como tal pueblo, el futuro del mismo?
                                      Entre tanto, mis amigos, muy dados ellos al chascarrillo y la broma, siguen en su cruzada de anteponer todas y cada una de las falacias que, tal que si de leyendas contrastadas se tratasen, empañan la historia de la relación humana hispano-catalana. Y pareciera que salen ahora a relucir, como siguiendo un rastro de justificaciones que hagan compatible el eterno odio hacia esa bendita tierra catalana con la demostración de fuerza que el fascismo institucional está infringiendo al pueblo catalán.
                                    Pero, desgraciadamente, lo peor pudiera estar por venir. Y ahí, hemos de exigir al parlamento español, que haga valer su condición de mayoría democrática frente al fascismo de los parlamentarios que amparan esta estúpida demostración de fuerza que un grupo de desalmados, que nunca debieron acceder a esa posición que ocupan, abandonen de una vez por todas la misma y pasen a ser juzgados por los muchos delitos que llevan a sus espaldas.

Santos López Giménez

domingo, 20 de agosto de 2017

La Encina de La Pollera, de 250 años de edad, arrancada de cuajo


                                       En el libro "Guía de la Naturaleza de Cehegín", escrito por los doctores en Biología, cehegineros ambos, David Sánchez y Pedro Abellán, en la página 142 del mismo, se hace referencia a la presencia de una encina, de 14 metros de alto, y 250 años de edad, situada en el paraje ceheginero de La Pollera,  según reza en el texto: junto a la Casa del Tío Asensio. Pedro y David, mencionan a esta encina en el apartado de su libro "Árboles monumentales y singulares", dado que las características de la encina no hacían sino sublimar su presencia allí donde, durante más de dos siglos, vio pasar a muchas generaciones de cehegineros y cehegineras.

                        

                         Siendo La Pollera lugar de visita obligada por la ciudadanía ceheginera, quien más quien menos, consciente o inconscientemente, se ha topado con ese precioso árbol en algún momento de su vida. Años atrás, La Pollera, era el lugar al que, en masa, acudían los cehegineros y cehegineras para celebrar el día campero de merienda que acompañaba al domingo de resurrección, según la tradición católica. Antes, como ahora, la belleza del lugar, hacen del paraje un espacio por el que senderistas, ciclistas, y muchas otras personas que deciden acercarse por allí, encuentran elementos naturales y paisajísticos de aquellos que obran el milagro de generar paz y sosiego para quienes lo visitan.
                       

                         Pues bien, quien ahora escribe, esta mañana, avisado de la circunstancia que citaré, cuando marchábamos por ese lugar, realizando una de las rutas senderistas que tanto nos gustan hacer alrededor de nuestro pueblo, nos llevamos la desagradable sorpresa de que la encina que Pedro y David mencionasen en su libro, como árbol de interés para nuestro pueblo, había sido arrancada de cuajo, ni talada ni cortada, arrancada de cuajo: al menos, esa es la impresión que los restos del lugar dan a entender. Eso sí, alrededor del mismo, las huellas de serrín y ramas, nos indican que el árbol, la Encina, fue troceada, imaginamos que para ser vendida entre los habitantes de nuestra localidad, o utilizada por quienes llevaron a cabo la faena.

                      

                      La aberrante circunstancia, nos ha puesto en guardia y, tras llevar a cabo alguna que otra pesquisa, nos informan de que podría existir un informe forestal según el cual, dicha encina, estaba enferma y fue preciso llevar a cabo el arranque al que venimos aludiendo. De existir dicho informe, esperamos, como ciudadanos, leer una copia del mismo. Se nos hace difícil entender que dicha enfermedad se haya desarrollado con una velocidad de vértigo, ya que, en el pasado mes de abril, a mediados, tenemos la certeza, corroborada por biólogos que visitaron la zona, entre los que nos incluimos, de que la encina no presentaba síntomas evidentes de enfermedad alguna. De hecho, si os fijáis en la foto superior, un brote de encina, formando una curvatura, aparece a la derecha del lugar en el que la más de dos veces centenaria encina estuvo presente; y digo esto porque, ni las hojas, ni ninguna otra estructura del brote ofrece signos de enfermedad.

                   

                    

Desde este espacio, a título personal, lanzo una primera denuncia pública ante lo que me parece una aberración medioambiental. En todo caso, seguiremos la pista al asunto y esperamos encontrar los elementos suficientes, por parte de las administraciones con responsabilidad en el asunto, y que el pueblo de Cehegín pueda tener la certeza de que su medio ambiente no está a merced del capricho del funcionario de turno o del particular que obre sin escrúpulos. Si los elementos hallados son lo suficientemente contundentes como para no dejar margen de duda, seré el primero en reconocer públicamente que tuve una errónea percepción. Sin embargo, a esta hora, 1 de la tarde del domingo 20 de agosto de 2017, con los elementos de los que disponemos, creemos que la celeridad en realizar el arranque de la encina, sin que públicamente se dijese nada, porque hablamos de un árbol de más de 250 años, dado que han pasado 7 años desde que dicha datación se mencionase al ser publicada en el libro, no merecía un final de estas características, cargadas de un misterioso oscurantismo.


Santos López Giménez