miércoles, 8 de agosto de 2012

As voces baixas


     
                               
        Prestado tomo el título de la última obra de Manuel Rivas, que verá la luz en octubre, porque, como refería la crónica de Iago Martínez, en la sección Galicia de El País, en su edición impresa del pasado 2 de agosto, son aquellas que brotan lejos de donde pisa el poder. Hoy, más que nunca, as voces baixas y el poder se encuentran en una fase de desencuentro irresoluble. El poder ha sacado a pasear su peor versión, aquella infame e hipócrita con la que el fascismo se ha ido modelando en el último siglo. Ahora no precisan de camisas negras, ni azules, tampoco manchan sus manos con la sangre del pueblo, otros lo hacen por ellos, sus estrategias se impregnaron con el espíritu de la Mafia, lo tienen todo milimétricamente calculado, sólo sus rancias arengas les delatan sobremanera, pisoteando conceptos como patria o caridad…


 
        El pasado 30 de julio, tras llegar la tarde anterior a Forcarei (Pontevedra), y alojarnos en a Cassanova, nos dirigimos a A Coruña con el ánimo de visitar sus calles, su zona marítima y, por supuesto, su Torre de Hércules. La mitología deja huellas en aquellos rincones del planeta donde se la honre sin desmesuras ni exageraciones vanas y fatuas, de lo contrario, el ridículo está servido, lo cual, no es precisamente de lo que presume A Coruña, bien al contrario, porta su Historia con majestuosidad y elegancia.
      Como suele ocurrir en estos casos, cuando el guión se constriñe en el tiempo y la programación deja poco margen para los cambios de itinerarios, en el paseo por las calles de A Coruña, descubrimos que dos días después se inauguraba la Feria del Libro, y fue allí, el día de la inauguración, 1 de agosto,  donde haría Manuel Rivas la presentación de A voces baixas. Al día siguiente, 2 de agosto, recostado en la, según The Guardian, mejor playa del mundo, la playa de Rodas, en las Islas Cíes, leyendo El País, tuve noticia de la mencionada presentación.
       Antes, el 31 de julio, fue Combarro nuestro objetivo, pequeño pueblo de la Ría de Pontevedra donde el granito se empequeñece para configurar la belleza más auténtica, la de lo práctico para sus moradores, retando a las aguas marinas con su granítica fortaleza. A la tarde, la playa de A Lanzada, en las proximidades de Sanxenxo, fue el lugar en el que comimos y descansamos bajo un ambiente húmedo, sin llegar a ser frío, muy agradable, cuando el calor más apretaba en nuestros espacios geográficos de procedencia.
      El primero de agosto fue destinado a recorrer a pie una pequeña parte del entorno de la casa que nos acogía, o lo que es lo mismo, una pequeña parte del Concello de Forcarei. Ruta que, sobre la marcha, hubo de ser modificada en su diseño original, aquel que las guías senderistas nos marcaban, para convertirlo en dos partes, mañana y tarde, la primera, partiendo del Monasterio de Aciveiro, a través de caminos entre montes, con manchas de robles (carballos), castaños, acebos y matorral bajo, sobre todo de brezos, salpicados del sempiterno y ocupa eucalipto, que junto a los pinos (pinaster y halepensis), cuyas reforestaciones desbancaron a los autóctonos bosques gallegos, han contribuido, durante los últimos años, a la mayor incidencia de incendios forestales de su Historia. La segunda parte, la de la tarde, nos llevó a adentrarnos en el bosque de ribera que acompaña al río Lérez en las proximidades de Forcarei, y que hicimos a pie desde a Cassanova en una ruta circular que nos devolvió, a última hora de la tarde, a nuestra morada. Castaños, abedules, nuevamente los carballos (robles), sauces, fresnos, junto a masas diversas de helechos (fentos), así como líquenes y musgos, impregnando ramas y rocas, constituyen una bella estampa de lo que un bosque de ribera puede ofrecernos.


        En las proximidades de la ribera, pequeñas charcas e hilos descontrolados de agua, albergaban alguna que otra especie de ranas de cuya caza fotográfica dimos cuenta.

        Las Islas Cíes, en el cuarto día de nuestra estancia gallega, 2 de agosto, partiendo en barco desde Cangas de Morrazo, se ofrecieron como una oportunidad para nuestros sentidos, sobre todo los visuales. Tanto el  viaje como la estancia, de unas 8 horas, nos permitieron impregnarnos, no sólo de esos visuales impactos de belleza, también del tacto de la brisa, del viento, del de las finas arenas de sus playas, del aroma inconfundible que el mar nos regala, con los elementos adicionales con los que el Atlántico, para quienes frecuentamos el Mediterráneo, riega nuestra pituitaria en las contadas veces que lo visitamos.
       Sin embargo, las Cíes, en su masa boscosa, tampoco escapó a los alardes de concienzudos ingenieros forestales que, viendo aquello para lo que fueron formados, dinero y no vida, decidieron reforestar con el ínclito eucalipto. Obviamente, ante su presencia, un halo de decepción invade tu ánimo frente al paraíso que esperabas encontrar.


  El Pelouro, ese hermoso proyecto educativo, hecho realidad, de educación integradora de saberes, de emociones, de mediaciones, de niños y adultos, constituyendo un todo dinámico que dinamiza sus vidas y dignifica el aprendizaje, pasados casi 19 años, desde que, en enero de 1994, visitásemos sus instalaciones y, sobre todo, a Juan y Teresa, los grandes protagonistas de esta maravillosa historia que comienza a gestarse en 1973, se nos presentaba como una ineludible visita en este recorrido gallego; sin embargo, de nuevo, la premura de tiempo y el programa constreñido, nos obligaron a desistir, y, desde Caldelas de Tui, no sin antes preguntar por ellos y dejarles nuestros recuerdos y un cariñoso abrazo, a través de una educadora del Centro, que nos invitó a volver por la tarde para poder verles, ya que en ese momento no estaban allí, seguimos camino para Tui y Valenza do Minho. Todo ello durante el quinto día de nuestra ruta, 3 de agosto.

        Tui y Valenza, dos ciudades, española y portuguesa, con historias comunes de encuentros y desencuentros, cuyo cordón umbilical, el Miño, las une atravesado por un antiguo puente, vial y ferroviario, y uno moderno de reciente construcción. Tuvimos el placer de visitarlas ambas a pie, sin discontinuidad alguna, atravesando el viejo puente, para, durante un par de horas, perdernos por las amuralladas calles, bulliciosas y mercantiles, de la Valenza antigua. Desde el pasado mes de febrero, ambas ciudades gozan de un estatus que les otorga la condición de Eurociudad.

A última hora de la tarde, en A Guarda, el monte de Santa Tecla, nos tenía reservadas dos improntas, la una paisajística, con la desembocadura del Miño y su inmensidad contemplada desde la altura del monte, y, de otro lado, el Castro prehistórico que alberga, del que se comenzó a saber de su existencia allá por 1862.
      
Para cuando el sábado llegaba, aún las dudas en el grupo seguían dejando huella a la hora de ratificar o modificar el itinerario previsto. Santiago de Compostela era un destino que parecía irrenunciable, allí nos dirigimos, dejándonos llevar por las corrientes de gentes que desembocan en la famosa plaza del Obradoiro. Mas que monumentos y edificios con Historia, que los hay y de gran mérito e historias asociadas por doquier, en esta ocasión, son las gentes quienes mayor impresión dejaron en mi persona. Fluir constante de razas y condiciones, hasta acabar por los suelos de la catedral escuchando como un predicador les habla de las bondades del santo. La casualidad quiso que así fuese, que el paseo por los pasillos del enorme templo, coincidiesen con una de esas escenificaciones y rituales religiosos, que, en última instancia, me recuerdan que un día estuve atado a ellos y que, en ningún modo, echo en falta esos sermones, ante todo porque van asociados a una entidad cuyas conexiones ideológicas y políticas, amén de la mucha hipocresía que destila, me alejan por completo de su ámbito. Hablo desde mi parecer: la libertad individual y el respeto en sociedad son, nunca mejor dicho, sagrados.



Luz, niebla, color y misterio. En verdad, con esta foto, con la que Carmen nos sorprendió una vez de vuelta a casa, tomada en el patio de la casa rural que nos alojó, podríamos resumir este viaje que, en cierto modo, cierra un ciclo de siete años y ocho viajes, que comenzase en 2005 en Torla, continuando con Picos de Europa en 2006, para seguir con Gredos y Ciudad Rodrigo, en 2007, continuar con Baztán en 2008, Poyales en 2009, Castellfolit en 2010, Asturias el pasado año, para concluir en Galicia..., luz, niebla, color y misterio.


…As voces baixas,  las de la desesperación, las del predicar en el desierto, las de seres manipulados hasta la saciedad, incapaces de reaccionar, incapaces de admitir que se les manipula, las de una sociedad muda, de apagadas voces, temerosas voces, que, casi siempre, mueren sin ser pronunciadas.

Santos López Giménez

       
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