lunes, 29 de mayo de 2017

Breve mosaico biográfico, y II (Una anécdota)


                                        Circunspecto, taciturno, al tiempo que optimista e ilusionado, dos o tres tardes por semana, se acercaba a sus entrañas. Saludaba a la entrada, la principal, la del museo, a las chicas que, sentadas tras una mesa, muy amablemente, lo recibían con una agradable y reconfortante sonrisa, para seguir su marcha internándose en la prolongación que el antiguo y monumental edificio sufriera, con muy buen criterio arquitectónico, para alojar la Biblioteca Pública del pueblo al que llegó dos meses atrás.  Enfilaba la alargada y estrecha estancia, bajando una corta escalinata, tras de la cual, a la izquierda, una primera dependencia de estantes, repleta de libros, con mesas centrales en las que reposan los periódicos del día, se aloja en la parte antigua del edificio; una furtiva mirada deja paso a la antaño salida del edificio, que no es sino la entrada, allí donde ofrece un nuevo saludo al joven bibliotecario, que, al igual que las chicas de la entrada, denota en su saludo amabilidad y generosidad infinitas. Este trecho es el que, por su fisonomía, da a entender la prolongación arquitectónica mencionada: un largo pasillo, con mesas de cuatro, pegadas a unas cristaleras, tras de las cuales se contempla un precioso jardín, en el que unos olmos destacan sobremanera; algún que otro cedro, algún taray, setos de tuya, incluso adelfas, conforman, junto a otras ornamentales especies, la cobertura botánica de este agradable espacio abierto. No obstante, antes de abandonar la histórica villa que le ha acogido, aún descubre pequeños detalles: entre otros, que la galería donde se sitúan las mesas junto a la cristalera, fuese en su día una caballeriza; o que el pomposo jardín, no sólo comprende el espacio delimitado, según creía, por la biblioteca, sino que se continúa hacia la zona desde la que se ofrece información a los visitantes de la villa: la oficina de turismo.
                                  Pero estas estancias descritas no han sido sino las que delimitaron su presencia esporádica, desde donde, haciendo uso de las llamadas nuevas tecnologías, se conectaba con el mundo exterior, con la familia, con los amigos.
                                     El grueso de actividades, aquellas que le trajeron a semejante lugar, le han tenido ocupado, de mañana, en un centro educativo de secundaria, que lleva el nombre del valle y del río que delimita a la comarca de cuyos pueblos eran los alumnos a los que atendía diariamente.
                                  Cuando estas palabras se van imprimiendo sobre la hoja en blanco, la posibilidad de que su partida no sea mas que de población, sin dejar de realizar, por un pequeño periodo más, la mencionada actividad, en otro lugar por determinar, está abierta, por poco tiempo, de hoy para mañana, pero esa luz sigue viva a esta hora.
                                   Sea como fuere, lo vivido, forma parte de un resurgir vital: resurgir no incluido en los esquemas inmediatos de su futuro, hasta que, el pasado 21 de marzo, fuese informado de que esta posibilidad relatada existía, y todo dependía de la energía y fortaleza que en esos instantes tuviese a mano. Y bien que acertó con su decisión, y bien que se armó de valor y determinación, convirtiendo este periplo en un revulsivo de las estancadas circunstancias, de orden profesional, a las que estaba sometido. Nada cambia, sin embargo, para el futuro inmediato, sólo el hecho de contar con una ventana más que deje pasar otras opciones: tanto da que se concreten, su presencia, su abertura, ilumina el camino.
Para entender algo de lo descrito, más allá de lo íntimo que lleva consigo, sirva como anécdota la sorpresa de compañeros y compañeras cuando les informaba de que su anterior andadura en estas lides académicas tuviese lugar entre los años 1991 y 1993 del pasado siglo. Sólo por eso, por realizar aquello que ya no aparecía en guión alguno de futuro, mereció la pena. Al menos, eso me dice cada mañana cuando lo miro a la cara.

Santos López Giménez 

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