miércoles, 25 de abril de 2012

Infames cadenas

     Bajo el pastoso manto de los bien pensantes, valiéndose de las herramientas que internet proporciona, desde hace años, circulan por la red multitud de escritos, sobre variadas y espeluznantes cuestiones, que llegan a tu buzón bajo la consigna de que a ese escrito hay que darle salida, que circule, suelen decir, y cuya característica, infinitamente más allá del contenido, es que o no firma nadie, o lo firma un periodista asturiano o un abogado de Jaén, por decir algo, cuando no, según donde consultes, aparece firmado por otro nombre distinto. 
     Dicho así, pensaréis con razón que la cuestión es absolutamente baladí. El problema viene cuando algunos de esos correos los recibes de personas muy cabales, con sólidos criterios, que no leyeron con detenimiento el texto o creyeron estar ante una evidencia tal que no dudaron en reenviar sin medir el alcance que, a mi juicio, hemos de ponderar para no caer en una absurda trampa de grupos o individuos cuyos fines distan mucho de los que, supuestamente, el contenido del texto darían a entender.
     Una variante muy curiosa de esta infame modalidad de protesta, la representan aquellos escritos que se les adjudican a determinados intelectuales y que, cuando indagas un poco en Google, descubres que no son ellos los autores de dichos textos. El abanderado, por antonomasia, de esta modalidad, es Arturo Pérez Reverte; me pregunto por qué no sale de una vez a la palestra para desmentir ser autor de los mismos, aunque, en honor a la verdad, no sé si alguna vez lo habrá hecho.
     Cada cual es libre de optar por las fuentes que le vengan en gana para estar informado, pero, personalmente, abomino directamente de todo texto que no lleve firma ni de persona ni de grupo humano perfectamente reconocible, salvo, claro está, la editorial de un medio de comunicación, el cual va implícito con el medio. Entiéndase que hablamos de textos con un carácter de denuncia social que, en muchos casos, pudieran estar buscando justo lo contrario de lo que se pide. Por ejemplo, son muy comunes, o muy común, porque puede que sea el mismo mil veces recibido, un texto que repara en los sueldos de los diputados y en menudencias del tipo regalos de ipad para los diputados, cuyo fin y estructura, cargados de demagogia chorreante, no es otro que coadyuvar la imparable ejecución de la ruptura, no sólo del Estado del Bienestar, sino, tiran más alto estos individuos, de la propia, y frágil, Democracia.

Santos López Giménez



Pd: os dejo el enlace al texto que ha dado pie a que uno escriba esta entrada. Lo he recibido hoy, es un texto envenenado, cargado de odio y mucha mala hostia. Curiosamente, al buscar en Google, resulta que puede que empezase a circular en marzo de 2010. En principio, lo firma un tal Pepe Álvarez, periodista asturiano, según decía el correo, sin embargo, en mi búsqueda, he encontrado el mismo texto firmado por un inspector de policía. En la misma búsqueda, me he topado con la supuesta respuesta de la hija de Otegui, igualmente zafio y de muy dudoso origen: Carta a la hija de Otegui

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